lunes, 4 de junio de 2012




                             La antigua sabiduría
                             de la Tradición es grande:
                             si por un lado se expande
                             por otro enraiza, echa guía
                             y acendra más todavía
                             su savia vital que incide
                             en un azar que coincide
                             consigo en la misma trama
                             y elige, alborota y llama
                             a quienes ella decide…


                                                  1

“¿Qué onda con este chavito?” recuerdo que pensé, gratamente sorprendido, la primera vez que Alexito Montaño se apareció, violín en ristre, en alguna tocada nuestra a sus 5 años de edad (y apenas tiene 12).creí primero que habría sido ocurrencia de su papá como para que la fuera sintiendo( hablo de la música),pero cuando al paso de los meses, cada que nos volvíamos a encontrar y a acompañarle alguna cosita, aquellos pequeños dedos fueron convirtiéndose en alegre aleteo de pajaritos mañaneros y a dar notas y luego a producir melodías completas, no solamente sin desafinar sino con sorprendente solvencia, empezamos a caer en la cuenta de que no se trataba de una amorosa consigna de papá y mamá, ni en una mera travesura de “morrito hijo de músico” sino de un talento puro que empezaba a aflorar como diciendo a ritmo de son mexicano: “¡agárrense que ahí les voy!”.

                                                            2

Como bien lo intuyó y consignó el picudisimo Profeta del Nopal en su cactácea encíclica “me he de comer esa tuna aunque me espine la mano” (Rockdrigo González
Op.cit. cap.XIII, v.7), el de nuestros días es “un tiempo de híbridos”, y a nadie debe extrañarle que en este primer CD de Alexito coexistan e interactúen sin bronca cual ninguna los sones tradicionales con la salsa, el rap urbano y varios etcéteras más.

Alexito no es hijo del dogma ni de las tesis ortodoxas y puristas que pretenden hacer del folclor mexicano una venerable momia. Este niño que empieza a saber de Beethoven y Mozart sabe desde hace un buen rato de don Juan Reynoso, Chebo Méndez y Heliodoro Copado. sabe de las canciones del “Buki” y del Danzón No. 2 de  Arturo Márquez, de los Beatles y de Los Camperos de Valles, de Lady Gaga y de Chabe Flores, muy pronto, si no es que ya, será capaz de sentarse frente a un atril con una partitura de Vivaldi, pero ya desde hace años lo hemos visto caminar junto con las danzas y las mojigangas tocando polkitas y piezas de camarín para honrar a los músicos  difuntos por las calles del pueblo y en el panteón de Xichú, con motivo de la fiesta grande de la tradición del huapango arribeño. Ya muchos hemos visto  a este niño tocando su violín con igual  gusto y garbo lo mismo en un escenario con todas las de la ley que sobre un rústico templete en una recóndita ranchería, con la lluvia encima y envuelto en la neblina de la sierra como en un mágico rebozo.

Puedo decir, sin temor a equivocarme, que Alexito tiene “el Don” y lo que es más: muchas y diversas puertas abiertas para que entre y salga, busque y encuentre, tome ó deje, de y reciba, siembre, pisque, arraigue y vuele…

Ojalá que nada ni nadie le percuda la nobleza de alma y corazón que tiene, y que por ningún motivo pierda el rumbo. a sus 12 años todo en Alexito indica que es un músico “con ángel”, pero sobre todo con Destino.


                                                                  Guillermo Velázquez B.
                                                  Trovador de Los leones de la sierra de Xichú
                                                                  Febrero del 2012